2 de queso y 1 de pino
Me encuentro en Bucarest, Rumania. Es de noche y está nevando intensamente. No se puede caminar por que la nieve te da en la cara. Sin embargo es mi última noche en esta ciudad , por lo que ha salido a caminar de todas formas. El hotel en que estoy, Capitol, tiene un aire old fassion, de la época de Chauchescu, que es demasiado old y poco fassion, por lo que es mejor no quedarse allí. Al salir me doy cuenta que es 14 de Febrero y todos los restaurantes estás llenos de románticas parejas. Tengo el dato de varios sitios buenos, pero todos igual, a tope. Por lo tanto sigo caminando. Esta ciudad es muy estilo siglo 18, con unos edificios preciosos donde se alojan los valuartes culturales Rumanos. Pero las callejuelas de edificios de gente común son muy entretenidos. La ciudad es como un gran barrio Lastarria, con pasajes estrechos, callejuelas y portales por todos lados. Y por supuesto bares y restaurantes. Pero, todos llenos.
Entre toda la ventisca veo un anuncio de neón que dice Drácula Tours, Transilvania Trips, con una figura tamaño natural del Conde en la puerta, cubierta parcialmente de polvo blanco. Son las 10 de la noche e igual me da un poco de miedo. No hay nadie en la calle, mas que viento y nieve. Y transeúntes solitarios como yo. La verdad es que el panorama es bastante desolador, por lo que me muevo un par de calles y llego a la calle principal, la de las tiendas de ropa. Y aquí todo cambia. Todo es moderno, luminoso y caro. Dolce & Gabbana, , Armani, Versace, etc. Marcas que sólo la mafia rumana se puede financiar. Porque acá el sueldo máximo de un profesional de 20 años puede llegar como mucho a 300 euros (200.000 pesos chilenos), por lo que estas tiendas son sólo de ficción.
En fin, que con tanto contraste entre las tinieblas y las luces, me dieron las 11 de la noche y decido volver al hotel para comer algo. Llego al restaurante del Capitol, que todavía está un poco lleno, pero hay sitio. Leo la carta y entre las cosas que hay me llama la atención algo que se llama Grouyere Parisien. Me imagine un exquisito queso Grouyere preparado de alguna forma Francesa.
Grande es mi sorpresa al recibir 2 empanadas fritas de queso. Dos clásicas y chilenas empana’s. No estaban mal, pero no eran las empanadas chilenas fritas a las que estamos acostumbrados. Para mi gusto las mejores son las de la Fuente Suiza, pero las del rápido son las clásicas. Al entrar solo con indicar con la mano derecha la cantidad de queso y con la izquierda las de pino (¿o es al revés?, si alguien es asiduo que me lo recuerde por favor) te las ponen al llegar a la barra. Cervecita y ya, en el paraíso. Dada la fama del rápido, y su constante aforo lleno, es que han proliferado en su entorno confusos sucedáneos de este templo. “El veloz”, “El inmediato”, “El súper rápido”, etc. Nada es como el original. Otro sitio curioso es el empanadium, de Bellavista ( si es que existe todavía). La carta indica cientos de rellenos posibles. Para carnívoros y vegetarianos. En fin, gran variedad, pero menos calidad.
Cuando estaba en la universidad vivía en la esquina de Los Presidentes con Ramón Cruz. En ese lugar, se pone (supongo que hasta el día de hoy) una parejea de chilotes que llegan todas las noches con un carro cargado de pescados, quesos, pino, y harina. Y en medio de la acera prenden una fogata, ponen una olla enorme con aceite, y a freir se ha dicho. Los pescados, las empanadas fritas y las sopaipillas. Con mi hermano comprábamos sopaipillas fritas y las pasábamos por chancaca en casa. Cada noche que volvía de la U, cuando la micro doblaba desde Av. Grecia hacia Los Presidentes, mi estomago se acordaba de las sopaipillas, y si me quedaba mas dinero, empanadas de queso. Hechas con queso chilote, de ese que se compra en Angelmó, Ancud o Castro.
Nunca olvidaré cuando, con unos compañeros de curso, estudiando para algún examen, decidimos hacer un stop, comer empanadas de los chilotes, y ver el video del Delicate Sound of Thunder de Pink Floyd, que mi hermano había traído de su facultad. Ese día, en que además mezclamos todo con algo para la mente, tembló grado 4 o 5.
Entre toda la ventisca veo un anuncio de neón que dice Drácula Tours, Transilvania Trips, con una figura tamaño natural del Conde en la puerta, cubierta parcialmente de polvo blanco. Son las 10 de la noche e igual me da un poco de miedo. No hay nadie en la calle, mas que viento y nieve. Y transeúntes solitarios como yo. La verdad es que el panorama es bastante desolador, por lo que me muevo un par de calles y llego a la calle principal, la de las tiendas de ropa. Y aquí todo cambia. Todo es moderno, luminoso y caro. Dolce & Gabbana, , Armani, Versace, etc. Marcas que sólo la mafia rumana se puede financiar. Porque acá el sueldo máximo de un profesional de 20 años puede llegar como mucho a 300 euros (200.000 pesos chilenos), por lo que estas tiendas son sólo de ficción.
En fin, que con tanto contraste entre las tinieblas y las luces, me dieron las 11 de la noche y decido volver al hotel para comer algo. Llego al restaurante del Capitol, que todavía está un poco lleno, pero hay sitio. Leo la carta y entre las cosas que hay me llama la atención algo que se llama Grouyere Parisien. Me imagine un exquisito queso Grouyere preparado de alguna forma Francesa.
Grande es mi sorpresa al recibir 2 empanadas fritas de queso. Dos clásicas y chilenas empana’s. No estaban mal, pero no eran las empanadas chilenas fritas a las que estamos acostumbrados. Para mi gusto las mejores son las de la Fuente Suiza, pero las del rápido son las clásicas. Al entrar solo con indicar con la mano derecha la cantidad de queso y con la izquierda las de pino (¿o es al revés?, si alguien es asiduo que me lo recuerde por favor) te las ponen al llegar a la barra. Cervecita y ya, en el paraíso. Dada la fama del rápido, y su constante aforo lleno, es que han proliferado en su entorno confusos sucedáneos de este templo. “El veloz”, “El inmediato”, “El súper rápido”, etc. Nada es como el original. Otro sitio curioso es el empanadium, de Bellavista ( si es que existe todavía). La carta indica cientos de rellenos posibles. Para carnívoros y vegetarianos. En fin, gran variedad, pero menos calidad.
Cuando estaba en la universidad vivía en la esquina de Los Presidentes con Ramón Cruz. En ese lugar, se pone (supongo que hasta el día de hoy) una parejea de chilotes que llegan todas las noches con un carro cargado de pescados, quesos, pino, y harina. Y en medio de la acera prenden una fogata, ponen una olla enorme con aceite, y a freir se ha dicho. Los pescados, las empanadas fritas y las sopaipillas. Con mi hermano comprábamos sopaipillas fritas y las pasábamos por chancaca en casa. Cada noche que volvía de la U, cuando la micro doblaba desde Av. Grecia hacia Los Presidentes, mi estomago se acordaba de las sopaipillas, y si me quedaba mas dinero, empanadas de queso. Hechas con queso chilote, de ese que se compra en Angelmó, Ancud o Castro.
Nunca olvidaré cuando, con unos compañeros de curso, estudiando para algún examen, decidimos hacer un stop, comer empanadas de los chilotes, y ver el video del Delicate Sound of Thunder de Pink Floyd, que mi hermano había traído de su facultad. Ese día, en que además mezclamos todo con algo para la mente, tembló grado 4 o 5.
Lo que hizo que la situación fuera particularmente memorable es que ese era uno de los primeros carretes con mi hermano después de un largo tiempo. Pero eso es otra historia.
“Remember when you were young,
“Remember when you were young,
you shone like the sun
Shine on you crazy diamond
Now there's a look in your eyes, like black holes in the sky
Shine on you crazy diamond
You were caught on the cross fire of childhood and stardomblown on the steel breeze
Come on you target for faraway laughter, come on you strangeryou legend, you martyr, and shine!”
Letra: WatersMúsica: Wright, Waters, Gilmour
Letra: WatersMúsica: Wright, Waters, Gilmour

2 Comments:
Reciclator dijo: "este blog está en coma". Yo digo que no, pero sí lo consume la nostalgia. El queso de la empanada frita rumana me dejó un penetrante olor a tristeza y frío. Prometo que cuando vaya en Junio te llevaré entre mis ropas, arriesgando que me quiten en la aduana, un kilo entero de queso chanco para que nos demos una buena comilona de empanadas de queso.
¡¡¡que no muera el blog de Beto!!!
Tu hermana, Carola.
4:15 PM
Oye y si abrimos en Madrid una sucursal del Rápido para la manga de chilenos nostálgicos residentes. Creo que sería todo un éxito.
Carolina.
4:17 PM
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